por Roldós | Nov 21, 2012 | Marketing on-line
Las Redes Sociales han entrado en nuestras vidas casi sin llamar a la puerta. De la noche a la mañana, casi el 100% de la población estaba inscrita en ese lugar llamado Facebook y seguramente en alguna plataforma más. En los tiempos que corren hay que saber adaptarse rápidamente a los cambios y así lo entendieron muchas empresas y empezaron algo llamado Social Media que cambiaría para siempre las bases del marketing on-line.

Dándonos una vuelta por Facebook o Twitter podemos ver como las grandes corporaciones destinan muchos recursos a tratar de tener una visibilidad importante en esas redes. El motivo es sencillo: los usuarios de internet pasan un porcentaje muy importante de su tiempo en las Redes Sociales, y si el usuario está en las Redes Sociales, la empresa tiene que ir allí a buscarle, tiene que adaptar su lenguaje a los códigos de la red social en cuestión y en general tiene que darle motivos suficientes como para acercarse a la marca.
Las grandes compañías lo han tenido muy claro y se han metido de lleno en este juego, estableciendo -junto a los usuarios- las bases del Social Media para todos los que faltan por llegar, que todavía son muchos. Hablo de los autónomos, de las pequeñas organizaciones, pero sobre todo de las PYMES; de momento muy reticentes a la hora de dar el salto al Social Media.

Los motivos de esa reticencia son claros: los beneficios no se ven de una manera directa y rápida. No tenemos que olvidar que el Social Media, para cualquier empresa, sea grande o pequeña, es una inversión a medio-largo plazo, aunque es cierto que acciones puntuales pueden dar un impulso a nuestro negocio de manera inmediata.
El Social Media es un método de promoción on line eficiente y barato y evidentemente es una herramienta a tener en cuenta por cualquier empresa o corporación tenga el tamaño que tenga. Nosotros en Roldós vemos muy claro que el Social Media no es una elección para las empresas sino simplemente una vía de comunicación tan necesaria como otras muchas que cualquier empresa tiene establecida.

Aquí en Roldós -cumplimos ya más de 100 años- hemos visto todos los cambios y adaptaciones en los canales de comunicación: al principio ninguna empresa tenía teléfono, pero rápidamente se vio que era necesario para agilizar infinitamente las comunicaciones. Años después hizo irrupción el Fax que permitía enviar y recibir documentos sin esperar al lento correo: una revolución que se convirtió en un must en aquel momento. Años después apareció internet y hoy en día el correo electrónico es la base en el día a día de las empresas; incluso pocas empresas deben quedar ya sin una página web desde donde mostrarse al mundo.
Pero el tiempo de tener una página web estática que desde el día que se estrenó nadie ha modificado nada, donde se reciben un par de improbables visitas por día, ya ha pasado. En esta segunda etapa, la de la web 2.0, toca arremangarse y dar contenido, visibilidad y dinamismo en las comunicaciones web, y en eso las redes sociales tienen una importancia capital.
Así que desde aquí animamos a cualquier PYME a que se adelante a los tiempos y apueste decididamente por el Social Media como un canal necesario en sus comunicaciones diarias y en su posicionamiento como empresa. Hacerlo todas van a acabar haciéndolo, entonces, ¿para qué esperar?
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Roldós puede ayudaros en vuestro aterrizaje on line, con un amplio catálogo de servicios para posicionar empresas en internet: el Social Media para PYMES es una de nuestras especialidades, así que pregúntanos como podemos ayudarte.
por Roldós | Nov 15, 2012 | Publicidad y medios
Cuando hablamos de economía del lenguaje nos estamos refiriendo a dos aspectos: al valor y al coste de las palabras. El primer concepto hace alusión a su valor per se, al qué y al cuánto puede llegar a decir una simple palabra. De hecho, esa es su función, comunicar. Por otro lado, el segundo concepto se refiere a una dimensión puramente económica. Al precio de las palabras.
La historia nos ha demostrado que tanto en los medios de comunicación personal como en los de masas (con fines comerciales), el precio de la palabra sí importa. Existen medios de comunicación personal caracterizados por sus limitaciones de espacio, como son el telegrama o los SMS. Y lo mismo ocurre con los masivos; podríamos hablar de dos casos en los que la palabra es el bien más preciado: los anuncios por palabras, (ya sea orientados a la compra de bienes o a la contratación de servicios) y el twitter.

Desde el siglo XIX las agencias especializadas en este tipo de anuncios, eran perfectamente conscientes del valor de una palabra. Como su propio nombre indica, este tipo de breves anuncios de prensa, generalmente sin ilustraciones, se tarifaban (y continua siendo del mismo modo) según el número de palabras o líneas. Si actualmente estamos delimitados por un número máximo, los 140 caracteres, antiguamente era el precio de cada letra el que marcaba el límite. Anuncios como este realizado por Roldós y Compañía y publicado en La Vanguardia demuestran cuánto dice cada una de las palabras que aparecen: «Joven se necesita, para trabajos fáciles de almacén y que sepa hacer anotaciones sencillas»[1] En él, todas y cada una de las palabras están perfectamente seleccionadas. Ni sobra ni se echa ninguna en falta.

Por tanto, podríamos decir que, del mismo modo que apreciamos más leer aquella información por la que hemos pagado un coste, aunque sea simbólico, valoramos más lo que decimos cuando tenemos que pagar por ello. Y no se trata de hacer apología de la privatización de la información, pero cuando pagamos por hablar, reformulamos el mensaje hasta dar con la clave más económica. Lo vemos de manera muy clara con las herramientas proporcionadas por el teléfono móvil. Cuando disponíamos de los SMS como única vía de comunicación escrita, todos habíamos reformulado una y mil veces el texto, acortando las palabras las veces que fueran necesarias hasta dar con el modo de hacerlos caber en un único mensaje. Sin embargo, la información que hacemos circular a través del Whatsapp u otras aplicaciones gratuitas, es completamente banal, además de excesiva. Es más, en muchas ocasiones no llegamos ni a introducir ningún carácter, sino que hacemos uso de emoticonos, fotografías o cualquier otra elemento gráfico.
Lo mismo ocurre con twitter. Al parecer, tan sólo el 8,7% de los mensajes publicados en esta red social puede llegar a tener algún tipo de valor. Por el contrario, más de un 80% del contenido es totalmente intrascendente, un 40,5% no son más que frases o palabras de interés casi nulo y un 37% son mensaje de conversaciones que solo interesan a los protagonistas[2].

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¿No será que somos más materialistas de lo que pensamos y realmente sólo valoramos aquello por lo que pagamos?, ¿Deberíamos ponerle precio a los tweets para que realmente tuvieran algo de valor?, ¿Y cuál sería su precio?
Nos encontramos ante una sociedad que no sabe distinguir entre el valor de las palabras y su coste, que sólo les da sentido si tiene que pagar por utilizarlas ya que si son gratis pierden el respeto que merecen.
Quizás sea necesaria una reflexión acerca de si merece la pena haber dejado atrás aquellos anuncios por palabras en los que cada palabra tenía no sólo un valor semántico sino también un valor económico.
[1] LA VANGUARDIA. Hemeroteca [En línea]. Barcelona: La Vanguardia, 20 enero, 1905.