por Roldós | Abr 3, 2013 | Publicidad y medios
El pasado mes de marzo -en el marco de la Semana de la Formación y del Trabajo que organizó la Fira de Barcelona– tuvo lugar en Barcelona una nueva edición de dos grandes acontecimientos para quienes desean seguir cursando estudios en un entorno tan complicado como el actual: el Saló de l’Ensenyament y el Saló Futura.

A pesar de la crisis (o gracias a ella), el evento fue todo un éxito. Multitud de jóvenes ilusionados se acercaron hasta los distintos pabellones de Montjuïc para conocer de primera mano la oferta educativa y recabar la máxima información acerca de los centros educativos del país y del extranjero. La mayoría de ellos se hicieron con centenares de folletos -lo que dificultó su regreso a casa, igual que ocurre los domingos, cuando uno se dispone a regresar del kiosco – con la esperanza de encontrar en ellos la respuesta a sus dilemas profesionales. Algunos ya sabían de antemano qué iban a estudiar en el futuro, a falta de escoger el centro donde hacerlo. Otros, en cambio, fueron en busca de una disciplina a la que destinar sus neuronas durante los próximos años.

Sea como fuere, no saben la suerte que tienen los jóvenes de tener una antesala universitaria antes de su inserción laboral. En el siglo XIX, los profesionales apenas tenían una formación académica. Dejaban a un lado la niñez (o la adolescencia en el mejor de los casos), para incorporarse en el mundo laboral. En el mundo de la publicidad, sin ir más lejos, los primeros profesionales –Rafael Roldós, Pedro Prat Gaballí, Rafael Barrios entre una larga lista- fueron personas que, por algún motivo o coincidencia, se sintieron atraídas por esta apasionante profesión y decidieron dedicarse por entero a ella. En cualquier caso, no tuvieron la suerte de cursar unos estudios; sus conocimientos eran fruto del día a día. Las lecciones se las ofreció cada cliente, cada cuenta y cada campaña. Aprendieron el oficio de planificar los medios a base de esfuerzo y experiencia. Sin apenas recursos, terminología y medios los profesionales perseguían los mismos objetivos que en la actualidad: rentabilizar el presupuesto de cada anunciante y buscar el máximo impacto con la menor inversión posible. No hay que olvidar que lo mismo ocurre con los clientes, que tampoco contaban con mucha más formación. En este contexto tuvieron que aprender juntos, compartiendo éxitos y fracasos.

Grados, másteres, postgrados, universidades -públicas y privadas-, escuelas de negocio, fundaciones, centros de formación continua, colegios profesionales… la oferta es ilimitada. Hoy nadie puede permitirse el lujo de “no saber”. Merece la pena que los profesionales del mañana sean primero estudiantes de hoy. Sólo así podremos mantener la planificación como una profesión grande, digna y extremadamente útil para la actividad publicitaria. Hagámoslo en homenaje a aquéllos que no tuvieron la oportunidad de planificarse su futuro.
por Roldós | Feb 6, 2013 | Publicidad y medios
Los días previos al 14 de febrero los medios de comunicación se convierten en un hervidero de publicidad. Tal es el poder de San Valentín que ha provocado que todos nos movamos empujados por algo tan etéreo como el amor.
Cualquiera de nosotros es susceptible de ser atomizado por las numerosas campañas que realizan las agencias de publicidad, por órdenes de sus respectivos anunciantes, con el objetivo de vendernos todo tipo de productos y servicios para regalar a nuestras parejas. En cierto modo, es como si existiera una macro campaña de publicidad, protagonizada por los fabricantes –que ejercen como anunciantes– y una micro campaña, en la que las parejas son los actores principales.

¿Demostrar el amor con una lavadora? por lo menos ahora, discutible.
En el primer caso, nos encontramos ante el esquema clásico de publicidad, donde el anunciante contrata a una agencia para que persuada a sus clientes en su propio beneficio. En estos casos, los publicitarios harán todo cuanto esté en sus manos para satisfacer los objetivos de venta de sus apreciados clientes y todo, absolutamente todo, será susceptible de ser vendido, a cualquier precio y a través de cualquier medio.

La cena romántica no falla, sobre todo si la publicitas bien.
Por otro lado está la (gran) campaña individual de quienes sucumben a los poderes de San Valentín. Sin embargo, antes de obrar merece la pena realizar una reflexión: ¿qué se quiere comunicar con un regalo? Hay que tener en cuenta que se trata de una campaña para conquistar (o reconquistar) a otra persona. Es precisamente en la elección del regalo donde recae la importancia. Y es que no es lo mismo regalar unos dulces bombones que una operación de estética, ni un exótico viaje que una televisión para viajar desde el salón de casa. Tampoco lo es regalar una vajilla de porcelana en vez de una cena en un restaurante. Sin duda son regalos preciosos pero no significan lo mismo.

Complacer a ambos a la vez era una buena idea hace 60 años…
Seguramente todos ellos se regalan con la mejor intención, pero no todos serán recibidos con el mismo entusiasmo. No todo reside en las bondades del producto sino en cómo, dónde, cuándo y a quién se entrega el presente. Para que todo salga bien es imprescindible respetar los elementos propios de cualquier esquema comunicativo: emisor, receptor, mensaje, código, canal y contexto. El ser publicitario por un día implica muchas responsabilidades pero la primera es tomar consciencia de que vamos a iniciar un proceso de comunicación con el objetivo de persuadir e influir en la percepción del prójimo hacia nosotros y de demostrarle cuán grande es el amor que sentimos hacia nuestro interlocutor.

… y seguramente también en la época actual.
En ocasiones eso no es tarea fácil, pero una campaña bien diseñada facilitará que las parejas consigan su objetivo particular, y para ello se requiere de la intervención de experimentadas agencias de publicidad y de medios que sepan qué decir y cómo hacerlo. Porque, como cualquier campaña, para que funcione hace falta algo más que valentía; hay que dejarlo en manos de profesionales. Y es que en San Valentín es mejor dejar los diminutivos a un lado.
por Roldós | Ene 9, 2013 | Publicidad y medios
Los avances propios de la sociedad, acelerados por la irrupción de las nuevas tecnologías, han provocado cambios de hábitos en las personas. Aunque esto ocurre en todos los ámbitos y disciplinas habidos y por haber, nos centraremos en el modo de felicitar la Navidad. Ahora que aún tenemos recientes estas fechas, nos parece oportuno revisar cómo y cuánto hemos cambiado al respecto.

Felicitacion de Navidad de Roldós – 1963
Aunque para algunos no significan nada, para otros son días muy especiales. Es precisamente este segundo grupo quien dedica más empeño en transmitir a sus seres queridos los mejores deseos para estas fechas y para el nuevo año. Antiguamente se hacía mediante el envío de postales navideñas. En ocasiones eran la única herramienta existente para felicitar las fiestas a aquellos que estaban lejos y, otras veces, era un elemento redundante para llegar a las personas con las que sí había un contacto diario y, por tanto, ya se había felicitado previamente en persona. En estos casos, la estima hacia el prójimo se comunicaba reiterativamente.
A día de hoy, la mayoría de nosotros seguimos recibiendo felicitaciones de Navidad. Eso no ha cambiado. Lo que sí se ha visto completamente alterado es el modo de hacerlo; se ha suprimido el correo postal (qué gran pérdida para Correos). Y es una lástima porque ya no tenemos con qué re-adornar los árboles de navidad, ni el recibidor de las casas. Esas magníficas postales (en su mayoría de formato díptico) se han cambiado por correos electrónicos con imágenes, textos, vídeos o links.

Felicitacion de Navidad de Roldós – 1968
Y este cambio no sólo ha afectado a las personas de a pie, sino también, y muy especialmente, a las empresas. Atentas siempre a cualquier tendencia, las compañías han sabido utilizar esta herramienta de comunicación para afianzar las relaciones para con sus clientes y proveedores. Era un gesto que implicaba sentimiento, que se realizaba de forma personalizada y que a todos gustaba recibir. Ahora, aunque las felicitaciones siguen siendo “personalizadas” (cuyo envío es gestionado por aplicaciones informáticas) ha adquirido el olor propio de la tecnología, un olor frío y oscuro que poco tiene que ver con estas fechas (cada vez más calurosas, por otro lado). Sin embargo, en el caso de las compañías, nos atreveríamos a decir que este cambio se debe a otro factor. No es simplemente una cuestión de evolución, sino también de imagen. Se trata de reducir costes, se trata de ser sostenibles, se trata estar comprometidos… en definitiva, de transmitir una imagen de sensibilidad hacia el entorno para que los públicos externos e internos tengan una buena percepción de la empresa.

Felicitacion de Navidad de Roldós – 1989
Pero como todos sabemos, las modas son cíclicas, lo que hace pensar que quizás un día nos cansemos de ser modernos. Será entonces cuando volvamos al papel y a felicitarnos las fiestas con hermosas postales navideñas. Por si acaso, nosotros guardamos algunos sellos y algo de espacio en el escritorio.
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Aquí podéis ver la felicitación de Roldós para este 2013.
por Roldós | Dic 12, 2012 | Publicidad y medios
Según el “Resumen General de Resultados EGM”[1] realizado por el Estudio General de Medios, los datos referentes a la penetración de los distintos medios entre febrero y noviembre de este mismo año son, cuanto menos, curiosos.
En relación a algunas de estas cifras, vemos que en diarios la penetración se sitúa en un 36,1%, siguiendo con la caída de las últimas olas. La misma tendencia sigue el resto de medios gráficos, como son las revistas y los suplementos. Por su parte, la televisión y la radio ascienden unas décimas hasta alcanzar el 89,1%, y el 61,9% respectivamente. Finalmente, en cuanto a Internet, merece la pena destacar que ha alcanzado, una penetración del 46,7%, superando por primera vez la de las revistas, que alcanzan a un 45,4% de la población.

Aunque interesa, lo más importante no radica en el porcentaje de audiencia obtenido por cada medio, sino en su evolución a lo largo de esta última década. No quedan tan lejos aquellos años en los que anunciarse era un síntoma de prestigio más que de necesidad. Estar presente en televisión era una herramienta de comunicación para con los clientes y competidores con el objetivo de demostrar (con orgullo) cuán grande se era y cómo de bien iban las ventas. En otra escala, tampoco hace tanto tiempo que, para los particulares, anunciarse era estar presente, por ejemplo, en las páginas amarillas. Y funcionaba. Vaya si funcionaba. De hecho, gracias al éxito y a la experiencia alcanzada a través de estos medios, grandes y pequeños saben hoy hacer lo que hacen, unas campañas que no dependen del tamaño del emisor ni de su inversión en publicidad.
Las reglas del juego han cambiado. Cualquiera puede estar presente en los medios de comunicación, y lo que es aún mejor es que puede hacerlo hasta sin pagar por ello. Las variantes son infinitas y los precios también, todo depende de la capacidad imaginativa del emisor; el receptor está dispuesto (aunque no siempre preparado) a recibir cualquier tipo de mensajes.

A pesar de que Internet es el único medio que ha incrementado su penetración de forma ininterrumpida desde el año 1997, no todo está perdido para el resto. Si medios tan antiguos como la radio, exterior o televisión han aumentado su audiencia cuando todas las voces vaticinaban malos tiempos debido a los cambios de hábitos de los consumidores, es que aún hay muchas cosas por hacer (y por ver). Todo hace pensar que seguiremos vivos a pesar de Internet. Es posible que haya vida más allá aunque, por descontado, nunca al margen de la red.

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[1]: aimc.es