No recuerdo de memoria cuando las páginas webs empezaron a generalizarse entre las empresas, pongamos 20 años (los curiosos podéis preguntarle al ChatGPT). Desde luego es suficiente tiempo como para darse cuenta que no tienen nada que ver las del principio del milenio con las de ahora.
Ha cambiado el diseño, la forma de navegar, el audiovisual… incluso seguramente haya cambiado el propósito. Pero en mi reflexión de hoy quería centrarme en los contenidos.

Pienso que invertir tiempo y esfuerzo (o sea dinero) en actualizar las páginas webs demasiado a menudo es ahora absurdo, ya que hay otras vías mejor preparadas para ello. Las noticias sobre la empresa las encontramos en las redes sociales, ¿para que ponerlas en la web? Seguramente para que el próximo visitante que se fije vea un artículo de 2019. ¿Y los empleados? Por poco grande que sea la empresa y a poca rotación que tenga… ¿no será mejor derivarlos a linkedin, antes de mantener online a ese comercial que nos abandonó hace 3 años?
En los tiempos de la inmediatez, donde lo más visto de la página web es la dirección de contacto (y con Google My Business ya ni eso) pienso que hay que conseguir enviar 3 mensajes potentes (y quien dice 3 dice 2… incluso 1) al visitante antes que se canse y vuelva al whatsapp web. El resto, son cosas que nos esclavizarán para mantenerlas actualizadas… y seguramente ni siquiera lo consigamos.
Ignacio Casasnovas – Socio de Houser & Houser