En esta ocasión trataremos un tema de la ética en las empresas, sean o no de publicidad. Me refiero a las personas en su aspecto relacional con la empresa, sus relaciones con los accionistas, los proveedores, clientes, empleados, jefes, compañeros, y consigo mismo. Porque en ocasiones tomamos decisiones que nos han venido teledirigidas por alguno o algunos de los grupos anteriores, y que chocan, no con nuestros conocimientos técnicos, sino con nuestros valores, con nuestra ética, y ésta o aquellos dependerán de nuestra formación en la familia y en las escuelas y universidades a las que hayamos asistido, y de nuestra praxis y aprendizaje en nuestro recorrido profesional.
Una inversión que va en contra del cambio climático; una reducción de personal que no tiene en cuenta a cada persona individualmente antes, durante y posteriormente al despido; un suministrador conocido de un accionista importante que nos viene recomendado, … El contexto empresarial en que nos movemos es agresivo y competitivo; presenta retos que se desarrollan en ambientes muy complejos. Ello requiere ofrecer herramientas de conocimiento personal, entrenar la capacidad de discernir en las decisiones de nuestro día a día para mejorar nuestras competencias, que pasan por el cuidado de las personas, de la organización y de uno mismo.

Se espera de los líderes que ejerzan una función transformadora en la empresa, que sean agentes de cambio, pero, ¿cómo se sabe que determinada persona es un líder? Hay líderes que son despreciados por sus empleados o por la sociedad, estos son los peores; hay líderes que son temidos; hay líderes que son amados, y hay líderes que, con su sola presencia, hacen que las cosas se hagan de acuerdo con los principios y valores de la empresa. Estos son los verdaderos líderes. Diríamos que una persona es reconocida como líder cuando las cosas se hacen sin que él las diga, ya que las personas de la organización caminan en la misma dirección.

Para que ello se cumpla, el líder debe tener una “vida de calidad”, que podemos centrar en cuatro aspectos:
- Competencia: demostrando excelentes habilidades profesionales
- Conciencia : ser consciente de la realidad sin que el momento psicológico en que esté pueda distorsionar mis actos
- Compasión : sentir empatía con los que nos rodean, a todos los niveles, sin importar sus costumbres, su status o sus creencias
- Compromiso: poner nuestros conocimientos al servicio de una sociedad más justa y sostenible.

Este nexo entre negocios y sociedad, el paso de shareholders a stakeholders en las organizaciones marca el camino que toca recorrer, ya que tanto los consumidores como los inversores requieren cada vez más de los productos y servicios que utilizan o de las empresas en las que confían una demostración palpable de “autenticidad ética”. El líder es el primer responsable de que el rumbo que imprima a la organización sea capaz de superar los retos a los que se enfrenta.
Jose Manuel Casasnovas Roldós. Consejero Delegado de Roldós Media
Estupendo José Manuel, lo suscribo. Además de Compasión, como uno de los aspectos del liderazgo, también diría «Con Pasión», porque esta debe ser manifiesta y transmitirse. Y así ya tienes las 5 «C» del buen lider.