Según vaticinan los expertos, los años ochenta están a la vuelta de la esquina. Por lo que parece, es cuestión de días que veamos a las chicas de nuevo con hombreras y tachuelas en sus prendas de vestir y a los chicos con esos maravillosos tupés acaparando el frontal de sus cabelleras. Como lo oís, ¡los ochenta atacan de nuevo!
Volviendo a los ’80…
Pero es curioso que cuando se habla del retorno de una época tendemos a pensar siempre en todo lo relativo a moda. Pero no todo es moda. En nuestro caso, la publicidad, sabemos muy bien que ello significa que se retomen algunas tendencias, formatos, lenguajes, técnicas, discursos, etc… que tuvieron éxito hace treinta años y que ahora pueden volver a tenerlo. Pero, ¿y qué ocurre con los medios? ¿Vamos a presenciar de nuevo la proliferación de vallas publicitarias en la red de carreteras españolas? ¿Recuperaremos las páginas amarillas como medio de información y, por tanto, como soporte publicitario? ¿Las playas volverán a ser víctimas de la presencia de numerosas avionetas que lanzan pelotas inflables a los veraneantes que pretenden tomar el sol? ¿Acaso las riñoneras y los monederos de plástico con forma de tubo que se colgaba al cuello se van a convertir de nuevo en objetos promocionales?
¿Quedó alguna casa sin el mítico balón azul de NIVEA?
No nos engañemos, estos vaticinios pueden acabar siendo una realidad este mismo invierno. Y la verdad es que no hay nada de malo en ello. Si algunos medios o soportes vuelven es porque en su día fueron efectivos y posiblemente puedan volver a serlo. Nadie dijo que avanzar fuera romper con el pasado.
El frisbie como elemento publicitario… un clásico de los ’80.
Es por ello que Roldós ha aprendido a no tirar ni a descartar nada. Cualquier medio o soporte es susceptible a ser válido ahora, en un futuro próximo o en otro más tardío, todo es cuestión de tiempo. Y es que no invertiremos donde queremos, ni tan siquiera donde desea el cliente. Invertimos donde al consumidor se le antoja. Y visto lo visto, y a nuestra edad, por si acaso, tenemos el ojo echado a un par de cabinas telefónicas. Y si finalmente no se da el caso, no pasa nada, tenemos alternativas de sobras, que ya hemos sido partícipes de unas cuantas modas.


