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La ‘caja tonta’ no es tan tonta. Desde su nacimiento a comienzos de siglo XX, la televisión ha desempeñado un papel muy importante en la transmisión de ideas y mensajes a través de sus distintos formatos: concursos, películas, telediarios, documentales… De ahí que partidos políticos y lobbies hayan acudido desde siempre a este medio de comunicación como forma de propaganda o vía de difusión de doctrinas. No es algo que desconozcamos.

A partir de aquí, hay una pregunta que merece la pena abordar: ¿Qué contenidos televisivos resultan más eficaces a la hora de influir en la audiencia? Recuerdo de la etapa universitaria una clase en la que el profesor abordó este tema con profundidad. La conclusión fue, desde luego, muy interesante.

Las personas vivimos acorde a una serie de principios que hemos idos construyendo a lo largo de la vida, ya desde la adolescencia. Hablamos de principios que guían nuestros actos y nuestra manera de pensar sobre determinados asuntos, que bien pueden ser políticos, sociales, culturales… o de otra índole. A partir de aquí, podemos decir que un telediario u otro no van a cambiar esos principios, por el simple hecho de que asimilamos esos contenidos desde la propia muralla mental que levantan nuestros principios. Si pienso tal o cual cosa acerca del aborto, la igualdad laboral o los vientres de alquiler, es muy probable que no haya programa informativo capaz de modificar mi manera de pensar acerca del mismo. Otra cosa distinta sería si hablásemos de nuestra afinidad con un partido político o nuestro apoyo a una determinada causa. En este caso, hablamos de principios arraigados y firmes.

Los programas como concursos o shows simplemente cumplen la función de entretenernos, al igual que ciertos documentales o el 100% de los acontecimientos deportivos. ¿Entonces? ¿De qué tipo de contenidos estamos hablando? Nos queda por hablar de las películas, series y anuncios. Se trata de tres tipos contenidos televisivos cargados del factor esencial: las emociones.

Las emociones son sin duda un elemento capaz de cambiar nuestra manera de pensar sobre tal o cual asunto. Seguro que en más de una ocasión hemos dejado escapar alguna lágrima mientras veíamos una película o serie de televisión; del mismo modo que nos habremos sentido golpeados interiormente tras la visualización de un anuncio concreto. Son contenidos que despiertan nuestro yo más intrínseco, capaces de movernos por dentro. Emociones.

No es de extrañar que los políticos las persigan en sus debates o discursos; o que las agencias de publicidad las utilicen para intentar persuadirnos acerca de la necesidad de comprar este o aquel producto.

Evidentemente, esto no significa que el uso de las emociones sea o no malo o pernicioso. Son un recurso. Un recurso que, en las manos adecuadas o equivocadas, produce grandes efectos. Si quieres comunicar con éxito, apela a emociones sinceras, con valor, que tansmitan ideas constructivas y que se identifiquen con la realidad de las personas.

En Roldós podemos ayudarte a llegar a tu audiencia de la mejor manera posible.

 

Pablo Gutiérrez, Departamento Digital