Seleccionar página

Durante estos días de vacaciones navideñas, quien más, quien menos, hemos aprovechado para dar paseos por las zonas más comerciales de nuestras ciudades, unos lugares a veces poco frecuentados durante otras épocas del año por una cuestión, puramente, de hábitos. Si bien es cierto que hay quienes dedican sus días de ocio a eso del consumo en zonas más o menos comerciales, hay quienes no tienen esta afición o, simplemente, realizan sus compras en zonas más próximas a sus casas o sus puestos de trabajo. Aunque es un asunto que nos interesa (y mucho) para poder realizar correctamente nuestra actividad, no entraremos ahora en analizar las preferencias y los hábitos de consumo de los ciudadanos españoles.

Estas líneas las escribimos a propósito de lo que hemos podido hallar en el suelo de estas zonas comerciales a las que nos referíamos. Sí, las falsificaciones. Seguramente, todos hemos podido comprobar de primera mano esta realidad y nos hemos quedado bastante atónitos ante la rapidez con la que se reproducen réplicas de determinados productos de moda. Y es que todo, absolutamente todo, es susceptible de ser falsificado. Básicamente, solo debe cumplir dos requisitos. El primero, que tenga éxito en el mercado y que, por tanto, exista una demanda real. El segundo, que sea caro.

Pues bien, a pesar de lo que algunos puedan pensar, la práctica de la falsificación o suplantación de identidad, es algo que viene de siglos atrás. Aprovechando que hace tiempo que no viajábamos al pasado, esta cuestión nos ha parecido un buen pretexto para hacerlo. A continuación, os mostraremos lo que le ocurrió a Calisay en los años veinte del siglo pasado. Tras años de andadura esta marca había conseguido hacerse un hueco en el mercado; y este licor del Maresme había conseguido, a través de múltiples anuncios, no solo anunciar su existencia, sino también explicar cómo debía tomarse y dónde podía encontrarse. Su éxito le condujo a situarse en el punto de mira de quien tienen por costumbre adueñarse de lo ajeno, por lo que su marca fue suplantada sin pudor alguno:

“En algunos establecimientos están sirviendo el tan exquisito y afamado licor “Calisay” falsificando la marca, y ante este condenable delito el fabricante ha ofrecido un premio en metálico a todo ciudadano que denuncie demostrativamente a los atrevidos expendedores que con el nombre de “Calisay” están vendiendo un licor que en nada se asemeja. Al pedir “Calisay” fíjense detenidamente en la botella y contenido.

Fuente: El Luchador: diario republicano, 10 de diciembre 1929

La diferencia entre lo sucedido en este caso y lo que hemos comentado al inicio, radica en el engaño (o no) al consumidor. Naturalmente, no es lo mismo que alguien adquiera un producto sabiendo qué compra, que si lo hace pensando que es otro. Dejando a un lado si hay mala intención del consumidor, o mala praxis de comerciantes y tenderos, el resultado final es el mismo: detrás de todo ello hay un fabricante afectado.

Pues bien, en el caso de Calisay se optó por una estrategia muy coherente: seguir haciendo publicidad. Si hasta entonces había sido una herramienta tan útil, esta ocasión no tenía por qué ser diferente. Y así apostó por seguir anunciándose de manera muy habitual en los diferentes soportes de los años veinte, treinta y cuarenta. A continuación adjuntamos dos anuncios, realizados por Roldós, donde vemos, cómo la publicidad se hace indispensable para reforzar la marca, presentar el producto y, sobre todo, su envase. De nuevo, la eficacia de la publicidad queda evidenciada, a pesar de la incredulidad de algunos por aquél entonces.

Fuente: La Vanguardia, 22 diciembre 1925

La Vanguardia, 23 diciembre 1933

Hoy, por suerte, las cosas han cambiado. Quienes lanzan un producto saben que es indispensable darlo a conocer y explicar sus bondades; quienes se cambian de ubicación, que deben contarlo para que alguien les vaya a visitar; quienes nacen, que deben proclamar a los cuatro vientos la buena nueva; quienes tienen algo bueno que explicar, que deben hacerlo pronto y bien para que no se anticipe la competencia, etc. Anunciantes o futuros anunciantes, no dejéis a un lado la comunicación ni infravaloréis la eficacia publicitaria. Si nosotros lo hiciéramos, no estaríamos escribiendo estas líneas… Si quieres saber cómo podemos ayudarte, no dudes en contactar con Roldós Media.

Carolina Serra, Marketing Strategies